Thursday, August 28, 2008

Discurso por la Eutanasia

Morir honrosamente es preferible, y siempre deseable, antes que, simplemente, estar.

Me permito proponerles un ejercicio:

Apartémonos unos momentos de nuestra realidad impuesta, de nuestra vida tibia y cobarde.

Seamos moribundos.

Yo así lo haré:

Entonces me encontrarán, con los huesos carcomidos por la polilla de los años, con los ojos ahumados y la garganta seca.

Yaciente en una blanca cama, fría, a pesar que mi cuerpo lleva ahí varios días, o semanas.

Es que nadie considera la agonía como la cumbre de la vida?

Acostumbrados a vivir por simplemente vivir, olvidamos el placer del respirar, la dicha del enojo y el éxtasis de la luz.

Lo simple amaremos, cuando nuestras entrañas purulentas se convulsionen embargadas de pánico y dolor. Cuando nuestros ojos rehúsen abrirse y nuestra voz deje de oirse.

Nuestro sistema legal, a nivel mundial, observa como el más sagrado el derecho a la vida. Valiente confusión.

Nos obligan, junto con un caduco ambiente dogmático, de todas las religiones, a creer que es lo mismo el derecho a la vida que el derecho a vivir.

Que Dios me libre de la vida, si no la puedo vivir. Que el destino me prohíba estar, si no puedo ser. No quiero estar sin ser. Repudio la vida si no voy a vivir.

Se repudia el aliento cuando causa dolor, así como se huye al medicamento que, aunque sana, condena.

No quiero respirar de una manguera, no quiero alimentarme de una sonda, si mi corazón se resiste, por qué le obligan a contraerse al ritmo de una máquina, y no al ritmo de mi propio anochecer?

Acaso es tan difícil? Ya no quiero la vida, porque no estoy vivo: he muerto hace días, y dejé de vivir hace años.

Mi vida es mi derecho, no mi obligación. No me obliguen! Mi vida es mi derecho, no mi condena. No me condenen! Mi vida es mi derecho, es mi derecho!

No quiero que se me quite este derecho, lo que pido es que se me permita hacer uso de él a mi antojo: cuando mis cabellos blancos no inspiren más respecto, cuando en mis arrugas se guarde solo óxido, y cuando mis carnes, las pocas que me queden, solo insinúen el cadáver que hace tiempo se esconde en mi… allí es cuando quiero ejercer el derecho a vivir. Porque ya habré muerto, necesito que se me permita dar el doloroso paso que me permita seguir viviendo, aún a costa de las lágrimas de quienes aún creen estar vivos.

No pido más que lo que me corresponde: déjenme ser, pero no me condenen a estar!

Señores, esta voluble intervención, lo se no merecería un aplauso, es por eso que no lo espero, ni lo pido.

Lo que pido es un simple voto de silencio, no por mi muerte que se espera desde que nací, sino por mi muerte que yo ansío desde que dejé de vivir.

Un voto de silencio, a favor de la eutanasia.

Ustedes disculpen.

4 comments:

  1. Me encanto, no tienes idea, de verdad que que hermoso es ver la verdad en prosa

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  2. Muchas gracias. Y tu no sabes lo agradable que es, para el que escribe, saber que a alguien le agrada. Espero te agraden también otros "intentos" de mi blog. Saludos, y gracias mil.

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  3. ME HA ENCANTADO... SUBLIME!

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    1. Perdón por tardar en responder.Me llena de felicidad ver que algo que escribí hace tanto tiempo aún merece un comentario. Debería editarlo, pues veo que tiene muchas fallas de estructura, jeje. Gracias por dejarme este saludo. Espero te hayas entretenido con otras lecturas del blog.

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