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A:
Willy
De
buen físico y sin fumar, así has de venir. Esto no es para
cualquiera. De una te digo, es macha la subida y no siempre se puede:
primero hay que pedirle permiso al taita y a la mama. ¡No a tus
taitas! A la montaña y al clima. Porque, eso si, puedes tener el
mejor físico, pero siempre podrá ser que, o la montaña o el clima
te impidan lo que buscas. Verás: la montaña es caprichosa, es como
mujer, o como algunitos, medios raros, que no se dejan nomás por
cualquiera; y el clima es celoso, no le gusta que monten nomás la
montaña.
Te
explico cómo es el asunto: tempranito has de venir, abrigadito has
de venir, bien desayunadito has de venir. Luego, cogemos las cosas,
que son pesadas, metemos al carro y nos vamos hasta la basesita de la
montaña. Desde ahí, ya te vas dando cuenta de la pendejada a la que
te metiste. Luego, a montar todo, a lomo de buey, o sea, te lo pones
en la espalda. Las mochilas y lo demás, te doy yo, no te preocupes.
Ya que veas cómo pesa, ahí vuelta te tiembla. Es que, te digo,
hermano, no es para cualquiera esto de la montaña.
Listo,
puesto el burro la mochila, hay que empezar a subir. Calcula, por lo
menos tres kilómetros de cuesta, con un quintal en la espalda. Y si
te duelen las rodillas, vendrás con ungüento de chugchuguasa, que
es buenaso, porque las rodillas se te han de hacer mierda. Macho es
el asunto. Pero si las gringuitas llegan, vos también tienes que
llegar.
De
ahí, llegas al refugio, si quieres, paramos para que te tomes algo,
pero mejor es seguir antes que se cierre el clima. Sigues subiendo,
llegas al glaciar. Hasta ahí todo es chévere, porque se sube nomás,
así, sin nada. Pero ya te empieza a pesar la mochila.
¿Que
la mochila lleva el burro? A vos te estoy diciendo, burro, que tienes
que llevar la mochila.
Bueno,
ya si llegas a la cumbre, contando que te acolite el clima y la
montaña, has de llegar sacado la lengua. Yo por eso me dejé la
barba, para que no se note, je je. Pero ya arriba, es plenísimo, si
te toca día abierto, ves hasta cómo se dobla la Tierra, te sientes
dueño de la creación, taita Dios. Ese es el peor momento de todos,
porque ya levantas las manos, dices “chucha, ya llegué”; ya te
sientas un rato a disfrutar de tu logro y te sientes realizado, pero,
aguanta pues: hay que bajar, pues.
Que
dijiste, de acá me bajan en helicóptero, no guambrito, hay que
bajar caminando. La ventaja es que la mochila pesa menos, porque ya
te tomas bastante agua y comes algo, pero las piernas no te funcionan
igual. Vos que crees, que por ser bajada es fácil?. No, mi hermano.
Jodida es la bajada también. La mayoría de accidentes de montaña
no son subiendo, sino bajando.
Supongamos
que todo sale bien, buen clima y todo lo demás. Llegas al refugio,
ahí si has de pedir a gritos un caldito de pollo o un chocolate
caliente. Depende la hora a la que lleguemos, nos hemos de tomar el
chocolatito. Pero todavía falta la bajada, veras. No ves que las
cosas no llegan solas a la agencia, hay que ir a buscar el carro, que
se quedó en la base de la montaña. Pero, lo que es más duro, ya
caminaste, ese poquito que falta bajar, no te va a costar. Aunque, si
duele, porque ya reposaste en el refugio, y volver a poner en marcha
el cuerpo maltratado, si es fuerte. Pero ya son los últimos tramos.
Llegamos
al carro, y ahí ya me encargo yo de todo, para vos se acabó el
viaje, a menos que quieras regresar por la parte sur, conociendo los
poblados. Pero lo más seguro es que topas el carro y te duermes.
Lo
malo es que te va a tocar hacer otro viaje, porque de ley te olvidas
la cámara de fotos.
Bueno,
eso es el asunto de la montaña. ¿Que dices, le haces o no?