Hoy hemos de buscar la disección analítica de una bestia furibunda. Se trata de un rapaz que no hace nada. No mata. No come. No duerme. No vive. No hace. No es.
La Insensibilidad es, según dicen, un ave. Parece ser que este espécimen tiene sus alas fracturadas, pero no lo sabe. Otros dicen que sus alas están intactas, solo que olvidó cómo volar.
Nadie sabe, a ciencia cierta, dónde vive este animal. Según dicen, es solo una creación de la mente, que fué a vivir sobre el pecho, justo encima del corazón. Otros dicen que no es más que una alegoría del alma, bajo la cual se han camuflado todos los sentimientos.
Yo, personalmente, he podido percibir a esta fiera. A mi parecer, se trata de un animal oscuro, que se alimenta de odios; y cuando no puede con ellos, les roba su comida. En épocas de escaces, puede servirse de recentimientos frescos, amores muertos y carroña de dioses.
Es la antítesis de todas las demás bestias del bosque. Niega la existencia de otros seres, y obliga a las demás fieras a ocultarse entre su propia sombra.
No importa cuan grande sea el odio, el dolor, el amor o el desamor. Esta bestia es más poderosa. Esta bestia se alimenta de las demás y amenaza con sus huesos a quien se le acerca. Se posa en lo alto del ser, donde observa todo; pero no hace nada. Gobierna en silencio.
Manda por sobre el bosque y dispone la inmutabilidad de sus dominios. No mata, ni da vida.
Es, creo la reina de las bestias.
Tratados cortos, simples y verticales de realidades confusas, oscuras o, simplemente, desapercibidas. O viceversa. A veces con humor, otras, con sarcasmo, otras, con mucha seriedad, un poco de ira, e incluso impotencia. En todo caso, una simple pero diferente forma de ver las cosas.
Thursday, January 28, 2010
Thursday, October 22, 2009
Del odio y otras bestias.

El odio y el dolor nunca se van, solo se esconden para reaparecer cada vez que se les da la oportunidad.
Son bestias escurridizas, que simulan haber muerto, pero rondan las sombras de los caminos, para abordarnos a traición en el momento de mayor tranquilidad. Ambos son feroces, ambos se nutren de nuestra memoria y de la cobardía.
De ellos, prefiero el dolor, porque es más fácil de detectar. El dolor es sincero, frontal y despiadado. Se acerca por la espalda, pero ataca por el frente. Es un ser tan raro, que no se esconde fuera, sino dentro. No busca oportunidades, sino que las fabrica. A veces, ni siquiera se esconde, solo nos acostumbramos a él: mantenemos a la bestia a distancia, armados con una miserable antorcha y mucha incertidumbre.
En cambio, el odio es la bestia más rara de las dos. Tiene dos cabezas sin ojos, cuellos largos y espaldas anchas. Tiene alas, similares a paraguas rotos, no funcionan pero se mueven como si dolor causaran. Su interior es estéril. Cuando está vivo causa daño con sus dos cabezas, y cuando muere, no da provecho alguno. Aunque no se sabe de la muerte de alguna de estas bestias, no conozco a quien haya visto morir a una.
Se dice que el odio no sabe morir. Se cree que habita atrás de las puertas, se alimenta de cadáveres vivos y abriga sus huesos con las cenizas tibias de amores extintos.
Es, en verdad, bastante especial este animal: rara vez llega a estar vivo, pero nunca muere. Es, la mayoría del tiempo, un cigoto latente, invocado en falsedades y verdades. Cuentan, algunos, que suele poseer a los noctámbulos. Cuentan también que se apea del recuerdo y transmuta la mente.
En todo caso, se ha encontrado un antídoto a los efectos de tan feroces fieras. Se trata de otra bestia. No todos los hombres tienen el valor de hacerse de ella. Se trata de un animal crudo, sin piel y con rostro polimorfo: la Insensibilidad. Pero de este animal, nos ocuparemos más tarde.
Sunday, September 20, 2009
Fantasmas

Quiero descansar, pero no puedo. Un fantasma ronda mis noches. Es el espíritu de un cadáver que lucha por entrar en mi cuerpo. Adormece mis sentidos y gira alrededor de las sombras de mi cuarto, fingiendo. Fingiendo.
Solo simula estar ahí; pero yo se que ya no se encuentra. Después de todo, ¿quién cree en fantasmas hoy en día?
Insisto en dormir, y mi fantasma insiste en existir. Este ser extraño, nacido del inconsciente de mi corazón, busca la manera de velar mis noches. Quiere dañarme. Dice que me quiere. Quiere dañarme. Dice que me ama. Quiere dañarme.
Quiero dormir.
Despierto de no estar dormido. Miro a mi costado, y he ahí a mi espectro. No sé por qué le digo MI fantasma, no es mío, sino de otra persona. Pertenece a otro cadáver y es a éste al que está buscando. No a mí. Me confunde, pues cree que soy otra persona, un cadáver que conoció cuando mi fantasma estaba vivo. Le digo que ya no estoy, que al que busca ya se fue, que quien habita mi cuerpo ahora, es otro; sin embargo, ronda mis noches, grita a mi oído y se vuelve presente.
Luego, abro mis ojos para poder dormir. Miro lo que queda de mi habitación. Él se vuelve difuso, se esconde en medias verdades y falacias incompletas. Regresa a su propia sombra, y desaparece. Sin embargo sigue ahí, esperando que cierre los ojos. Me mira, me habla y me obliga a escucharlo.
Viste un paño gris, donde mis seguridades se tejen con mis temores y recuerdos. Su cabeza está cubierta por telarañas, similares a las que hace poco cubrían mis ojos y manos. Las alimañas se pasean en su pecho, tratando de beneficiarse de lo poco que queda sobre sus huesos. Sus ojos, inexpresivos, solo se dejan ver cuando busca mis debilidades, cuando rastrea mi imagen en busca de aquel, que perdió. Sus piernas están rotas, no puede caminar. En su espalda, quedan dos cicatrices que no han dejado aún de supurar; seguramente tuvo alas, puede que a la pérdida de sus alas se deba sus piernas rotas: cayó desde muy alto. Puede que así haya muerto.
Su rostro me es familiar, pero de esa familiaridad rara, como cuando uno halla, semienterrada, una vieja pelota de tenis cubierta de moho, y la recuerda como parte alegre de la infancia, aunque no es la misma, y ya no sirve. Su físico es escaso: la cabeza apunta al suelo, su cuello ha perdido volumen y sus hombros se encogen sobre su pecho, cobijando sus alimañas y exponiendo las heridas de sus alas rotas. Su cintura permanece rígida, en el interior del estómago guarda restos inertes de mariposas, extintas hace mucho tiempo. Sus caderas se han absorbido, para hacer más notorias sus piernas rotas, carentes de volumen, que terminan en pies descalzos, fríos y doloridos.
Me da pena mi fantasma. Debe ser muy feo y muy triste tener que comer sombras, luego de haber tenido alas, y haber volado hasta taparles el sol a sus admiradores.
Sacudo la cabeza. Me voy a hacer pipí. Regreso. Me pregunto de nuevo, hoy en día, ¿quién cree en fantasmas? Entonces decido no creerle a mi fantasma, dejarle hablando solo.
Ahora si, me voy a dormir.
Wednesday, August 12, 2009
Mariposa negra.

Ay, mariposa!
Tenías casa de seda. Puede que en ella no te hayas sentido tan bella, pero tenías casa de seda.
Era un lugar cómodo, apacible y acogedor. Lejos estabas, allí, de toda amenaza. Y a mi me gustaba, porque así podía contemplarte cuando yo quería.
Mas un día decidiste, vanidosa, destrozar tu casa de seda. Otros aires quisiste respirar. En tu vanidad, querías buscar otros ojos que te contemplen.
Roto el nido, vacío lo dejaste. Te miraste libre, amplia, esplendorosa; más bella te dijiste. Mas no te diste cuenta, que negras eran tus alas. No supiste ver que el árbol en el que apoyabas tus falencias era robusto y bello también.
Ahora te has ido de ese árbol. Y nada tienes que buscar ahí, porque te has ido, y vacío ha quedado. Nada hay ya.
Tampoco te diste cuenta, que ése árbol te ofrecía la inmortalidad, pegada a él, alimentada de sus entrañas, cobijada en su sombra y contagiada de sus virtudes. Es que, mariposa, tus alas solo durarán algunos días.
Que no sabes, mariposa, que tu vuelo errático, solo atrae a las sabandijas que te quieren por presa? Que no sabes, mariposa, que mientras más lejos estás del árbol, más difícil regresar? Que no has visto, mariposa, que tus alas son negras?
Es de luto tu vuelo. Es triste tu vaivén. Es penoso tu peregrinar. Tus alas no brillan: te hacen sombra. Tu belleza no basta, cuando se extraña la seda suave, cuando tus alas se han doblado, cuando te faltan las fuerzas, y te sobra el orgullo.
Porque con desdén dejaste al árbol, pensando que no lo necesitarías. Luego te faltaron las fuerzas, mas el orgullo te hizo pensar, que la distancia era prudente para regresar.
Ahora estás lejos. Aún miras a tu árbol, porque éste ha crecido. La savia que antes te ofrendaba, le ha servido para erguirse. Su follaje está alto, y se ve a la distancia.
El árbol está verde. Y tus alas son negras. El árbol se ha hecho más fuerte. Y tus alas están rotas.
Él te mira. Ahora solamente el árbol te mira. Ya no te contempla. Te mira, y estás agónica luchando contra tus propias alas, que se cierran sobre tu cuerpo cortándote la respiración. Ahora ya viste, mariposa, que tus alas son negras.
Y tu agonizas, y el árbol quedó vacío.Morirás, mariposa, porque tus alas pesan mucho y son negras y asfixian y disgustan y matan.
Pero tu muerte, una vida. El árbol, vacío, cuantas vidas?
Thursday, July 23, 2009
Ya no me sorprende
Cuando pones tu rostro junto al mio, y haces esa carita, como la del gato de Shrek, y lanzas una mentira descarada, ya no me sorprende.
Y si dices que me extrañas, mientras atacas cada intento de acercamiento, o mientras él acaricia tu pelo, ya no me sorprende.
Aún puedes venderme sonrisas, y gritar amores al viento. Todavía puedes llenarme la cabeza de mariposas; aunque sé que tienes el puñal listo. Pero ya no me sorprende.
Y si, mientras hacemos el amor, juegas en tu mente con mi rostro, y haces que mi nombre suene diferente, tampoco me sorprenderé.
Ya no espero nada de ti; pero de tu parte puedo preveer todo. Es que eres omnipotentemente audaz: eres capáz de cualquier cosa.
Aunque si me sorprenderé a mi mismo, si, acallara mis sentidos para seguir viviendo en tu falacia. Si me viere complacido con tiempos prestados, aquellos que él te permita, o que tú, en otro juego de falsedades, le hayas arrebatado.
Mi sorpresa será si, en mi insensibilidad, algo pueda brotar de entre las piedras. En este corazón de roca, haya una grieta, donde tú, hierba mala, puedas florecer.
Y si dices que me extrañas, mientras atacas cada intento de acercamiento, o mientras él acaricia tu pelo, ya no me sorprende.
Aún puedes venderme sonrisas, y gritar amores al viento. Todavía puedes llenarme la cabeza de mariposas; aunque sé que tienes el puñal listo. Pero ya no me sorprende.
Y si, mientras hacemos el amor, juegas en tu mente con mi rostro, y haces que mi nombre suene diferente, tampoco me sorprenderé.
Ya no espero nada de ti; pero de tu parte puedo preveer todo. Es que eres omnipotentemente audaz: eres capáz de cualquier cosa.
Aunque si me sorprenderé a mi mismo, si, acallara mis sentidos para seguir viviendo en tu falacia. Si me viere complacido con tiempos prestados, aquellos que él te permita, o que tú, en otro juego de falsedades, le hayas arrebatado.
Mi sorpresa será si, en mi insensibilidad, algo pueda brotar de entre las piedras. En este corazón de roca, haya una grieta, donde tú, hierba mala, puedas florecer.
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