Rondaba nuestro cerco un viejo lobo melenudo, que a su tiempo quiso vestir de pastor. Más de una década mantuvo sus vestiduras, para luego ir en busca de ovejas más gordas.
Raros son, pues, estos rapaces melenudos, que viven de las ovejas, pero no se las comen. Les exprimen la voluntad y se benefician de sus devociones.
Pero ahora los clubes borreguistas se han derrumbado, cayeron bajo el peso de sus propias omisiones. ¿Y qué hace un lobo sin su manada que lo respalde? Pues los lobos jóvenes perecen, pero el viejo lobo melenudo, que sabe más por viejo que por lobo o por melenudo, rehúsa su evicción.
El viejo lobo melenudo tiene, en su melena, canas forjadas por el populismo y remojadas en medias-obras y canchitas de barrio. Este animal de presa, al ver su manada rota, formará otra manada, bajo su completo control y apegada estrictamente a sus órdenes y ambiciones.
Cuídense los lobeznos, y los borregos aspirantes, de rendirse ante el añejo. Huyan, las ovejas, de su aullido convincente.
Tratados cortos, simples y verticales de realidades confusas, oscuras o, simplemente, desapercibidas. O viceversa. A veces con humor, otras, con sarcasmo, otras, con mucha seriedad, un poco de ira, e incluso impotencia. En todo caso, una simple pero diferente forma de ver las cosas.
Saturday, May 30, 2009
Saturday, April 11, 2009
Haciendo nada. (carta a la vida)
Mientras vivo, trato nada más de dar un paso delante del otro. A veces voy lento, a veces me detengo. Casi siempre me detienen. No se quien. No se cómo.
Solo abro los ojos, y me doy cuenta que estoy parado en el medio de algo que no es nada. Me encuentro en un mundo que no es el mío, perdido en mi propia escacez. Todo lo que hago (o creo que hago) parece no tener sentido.
En un camino no sin pocos derroteros, a mis 24 años, pareciera que al final me hallara. Luego de hacer de todo un poco, soy EX muchas cosas... he dejado de creer casi en todo, las cosas han perdido su valor. Las personas han perdido su valor. Los eventos han perdido su valor. He hecho mucho, y ahora me encuentro solo... haciendo nada.
El mundo parece organizarce a mi alrededor, confabulándose en contra de mis sueños. Ya casi he bajado los brazos... pero no lo haré, solo necesito respirar un poco. No quiero correr, no soy cobarde. No terminaré esta pelea vencido. No dejaré la batalla.
PERO SI ¡¡MALDITA SEA!! SOLO ME DEJARAS RESPIRAR UN SEGUNDO!!!
Que es lo que te he hecho? Acaso no he sido ya suficientemente "standard"? O es mi forma diferente de verte lo que te molesta?
Ah! Ya se... es porque soy megalómano. Pues vete dando cuenta que no... soy tan pequeño que, para escribirte una carta que nadie leerá, tengo que sentarme frente a un computador público, en un lugar que no quiero y no conozco, totalmente solo.... anulado .... lejos....
Desgraciadamente esres la única oportunidad que tengo. Golpéame pues carajo! Otra vez me he de levantar. Y otra vez también... y otra... y otra.
No es que sea el más duro de los duros. Es que soy terco, y no entiendo cuando se me ha vencido. Seguiré aquí, y cuando mis brazos ya no puedan levantarse a dar pelea, seguiré aquí también: aguantando. Haciendo nada, pero estando.
Solo abro los ojos, y me doy cuenta que estoy parado en el medio de algo que no es nada. Me encuentro en un mundo que no es el mío, perdido en mi propia escacez. Todo lo que hago (o creo que hago) parece no tener sentido.
En un camino no sin pocos derroteros, a mis 24 años, pareciera que al final me hallara. Luego de hacer de todo un poco, soy EX muchas cosas... he dejado de creer casi en todo, las cosas han perdido su valor. Las personas han perdido su valor. Los eventos han perdido su valor. He hecho mucho, y ahora me encuentro solo... haciendo nada.
El mundo parece organizarce a mi alrededor, confabulándose en contra de mis sueños. Ya casi he bajado los brazos... pero no lo haré, solo necesito respirar un poco. No quiero correr, no soy cobarde. No terminaré esta pelea vencido. No dejaré la batalla.
PERO SI ¡¡MALDITA SEA!! SOLO ME DEJARAS RESPIRAR UN SEGUNDO!!!
Que es lo que te he hecho? Acaso no he sido ya suficientemente "standard"? O es mi forma diferente de verte lo que te molesta?
Ah! Ya se... es porque soy megalómano. Pues vete dando cuenta que no... soy tan pequeño que, para escribirte una carta que nadie leerá, tengo que sentarme frente a un computador público, en un lugar que no quiero y no conozco, totalmente solo.... anulado .... lejos....
Desgraciadamente esres la única oportunidad que tengo. Golpéame pues carajo! Otra vez me he de levantar. Y otra vez también... y otra... y otra.
No es que sea el más duro de los duros. Es que soy terco, y no entiendo cuando se me ha vencido. Seguiré aquí, y cuando mis brazos ya no puedan levantarse a dar pelea, seguiré aquí también: aguantando. Haciendo nada, pero estando.
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Friday, November 28, 2008
Que cuente la intención, por lo menos.
Vamos a partir de dos frases bastante sabias, de las cuales desconozco autoría. La primera reza: “cuando ya no haya nada que hacer, pues no hagas nada”; y la otra: “la intención es lo que cuenta”.
En el caso de la primera frase, queda claro que ante lo imposible, no cabe reclamo, y trabajar por conseguir tales inexistentes empresas, es inoficiosa tarea. Pero son esos imposibles los que necesitamos conocer, para poder reclamar, a nuestras autoridades, la realización de lo que si es efectivamente posible. Al mismo tiempo, es obligación de la autoridad, pues, precisamente, no ofertar imposibles. Al que oferta imposibles, fingiéndose realizador de las pasiones del pueblo, se le llama demagogo. El demagogo, finalmente, y luego de calificarse su participación en el poder público, es odiado por quienes se vieron halagados por sus discursos.
Pobre del hombre que, habiéndose hecho conocer y querer por sus vecinos durante una vida entera, termina presa de su propio exceso, iluminado solo por la crítica infausta de quienes antes le procuraron bondades.
Ahora bien, es posible esquivar la demagogia, cuando el que ofrece, lo hace desconociendo la imposibilidad de sus ofrecimientos. Es decir, puede ser que las ofertas, dadas de buena fe, se vean irrealizables en la práctica por motivos anteriormente desconocidos. En este solo caso, el ofertante voluntarioso, en lugar de demagogo, puede ser calificado como inocente, soñador, o como un simple desconocedor de la realidad. En todo caso, no saber, no es pecado, pero engañar si lo es.
Si se ofrece sin saber lo que se ofrece, se gesta un doble engaño: para uno mismo, y para los demás.
Pero ofrecido con buena voluntad, cabe reconocer en lo imposible, aunque no la obra, si la intención. Desde luego, la intención es la que cuenta. Esta intención, en asuntos públicos, se refleja en la existencia de proyectos de ejecucción, o borradores de reformas, o estudios de factibilidad. La intencionalidad de la autoridad no puede enclaustrarse en su solo y anónimo pensamiento: debe hacerse física, demostrable, al menos, semi-real. La intención de construir se representa en los planos, no en la simple oferta de construir. Si en los planos y estudios se demuestra que tal construcción no es factible, entonces, se aplaude la intención; pero, si no existen tales planos, se condena la demagogia.
Debemos en este punto preguntarnos: ¿nuestros líderes y autoridades, merecen aplauso o condena?, ¿son demagogos o solo están desorientados?, ¿donde están los proyectos, estudios, convenios, y/o borradores?, ¿y la intención, donde quedó?, al final, la intención... ¿cuenta?.
En el caso de la primera frase, queda claro que ante lo imposible, no cabe reclamo, y trabajar por conseguir tales inexistentes empresas, es inoficiosa tarea. Pero son esos imposibles los que necesitamos conocer, para poder reclamar, a nuestras autoridades, la realización de lo que si es efectivamente posible. Al mismo tiempo, es obligación de la autoridad, pues, precisamente, no ofertar imposibles. Al que oferta imposibles, fingiéndose realizador de las pasiones del pueblo, se le llama demagogo. El demagogo, finalmente, y luego de calificarse su participación en el poder público, es odiado por quienes se vieron halagados por sus discursos.
Pobre del hombre que, habiéndose hecho conocer y querer por sus vecinos durante una vida entera, termina presa de su propio exceso, iluminado solo por la crítica infausta de quienes antes le procuraron bondades.
Ahora bien, es posible esquivar la demagogia, cuando el que ofrece, lo hace desconociendo la imposibilidad de sus ofrecimientos. Es decir, puede ser que las ofertas, dadas de buena fe, se vean irrealizables en la práctica por motivos anteriormente desconocidos. En este solo caso, el ofertante voluntarioso, en lugar de demagogo, puede ser calificado como inocente, soñador, o como un simple desconocedor de la realidad. En todo caso, no saber, no es pecado, pero engañar si lo es.
Si se ofrece sin saber lo que se ofrece, se gesta un doble engaño: para uno mismo, y para los demás.
Pero ofrecido con buena voluntad, cabe reconocer en lo imposible, aunque no la obra, si la intención. Desde luego, la intención es la que cuenta. Esta intención, en asuntos públicos, se refleja en la existencia de proyectos de ejecucción, o borradores de reformas, o estudios de factibilidad. La intencionalidad de la autoridad no puede enclaustrarse en su solo y anónimo pensamiento: debe hacerse física, demostrable, al menos, semi-real. La intención de construir se representa en los planos, no en la simple oferta de construir. Si en los planos y estudios se demuestra que tal construcción no es factible, entonces, se aplaude la intención; pero, si no existen tales planos, se condena la demagogia.
Debemos en este punto preguntarnos: ¿nuestros líderes y autoridades, merecen aplauso o condena?, ¿son demagogos o solo están desorientados?, ¿donde están los proyectos, estudios, convenios, y/o borradores?, ¿y la intención, donde quedó?, al final, la intención... ¿cuenta?.
Monday, October 27, 2008
Monotonia
Llegar A un punto donde nada te sirve, y todo te vale nada, creer que el futuro está escrito y asegurado y que, hágase o déjese de hacer, tu mañana será bueno.
Que malo es pensar en un después asegurado, fijo, inamovible…
El mayor asesino de los sueños es el saber del futuro, la conciencia plena del destino.
Morir es mejor que vivir una vida ya vivida. Esperar que pase lo que ya sabes o crees que va a pasar, porque tiene que pasar. Mirar el tiempo pasar fuera de la ventana y no hacer nada, porque no interesa el otro; estás esperando que suceda algo que te haga cambiar… y cuando finalmente sucede no te das cuenta porque estás ya nuy dormido y cansado de esperar; y porque no estás listo para vivir, te has acostumbrado a solo esperar… y no sabes hacer nada más.
Que malo es pensar en un después asegurado, fijo, inamovible…
El mayor asesino de los sueños es el saber del futuro, la conciencia plena del destino.
Morir es mejor que vivir una vida ya vivida. Esperar que pase lo que ya sabes o crees que va a pasar, porque tiene que pasar. Mirar el tiempo pasar fuera de la ventana y no hacer nada, porque no interesa el otro; estás esperando que suceda algo que te haga cambiar… y cuando finalmente sucede no te das cuenta porque estás ya nuy dormido y cansado de esperar; y porque no estás listo para vivir, te has acostumbrado a solo esperar… y no sabes hacer nada más.
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Friday, October 24, 2008
No es que no nos guste, es que no hay.
Se nos culpa a las últimas generaciones de ser poco participativas. Se nos condena por el inactivismo político y del quemeimportismo social.
Nuestra generación, a la que todos le cuelgan la responsabilidad de ser el futuro de la patria; mi generación, simplemente no quiere ser otro intento fallido, ni títere de turno, ni blanco fácil de viejos y caducos cazadores. Esta generación se reuza a ser borrego.
No es apatía. Claro que nos interesa la política. Por supuesto que nos es importante el futuro de nuestra tierra, después de todo, es nuestro futuro tambien. Además, los humanos somos políticos por el solo hecho de vivir en comunidad. Es solo que en estos últimos veinte años en nuestro país no ha existido política real.
Pero bueno, a nivel nacional, bien o mal, y sin entrar a ver si es obra de ángeles o demonios, se está gestando un cambio. Insisto, no se si bueno o malo, pero cambio al fin. En contraste, en nuestra localidad, el tiempo corre a diferente ritmo, todo sigue desagradablemente igual. ¡Aquí no hay política!, ni políticos tampoco. Lo que si existe es buenos – o malos - conocidos que se han permitido acceder a minilideratos, sin más bandera que la de turno, y con el único mérito de ser carita conocida.
No estamos muertos, solo dormidos. Se debe interpretar nuestro silencio no como conformismo, sino como protesta. Estamos callados, porque lo que queremos decir no es lo que se nos ha acostumbrado a escuchar. No nos faltan las palabras, ni tampoco las ideas. Nuestro silencio se dirige a aquellos que, agotadas sus ideas, se han dedicado a las solas palabras.
Estamos en el punto perfecto, en el lugar histórico adecuado para empezar de nuevo. Hacer una política de convicción, y formar gente crítica, y más que eso, gente exigente, que busque lo que necesita y se lo exija a la autoridad, que excite los mecanismos administrativos y judiciales para conseguirlo. Es tiempo de generar crítica, de crear, de hacer, de resurgir individual o colectivamente en lo que algún tiempo fué tierra de estudiosos filántropos.
Nuestra generación, a la que todos le cuelgan la responsabilidad de ser el futuro de la patria; mi generación, simplemente no quiere ser otro intento fallido, ni títere de turno, ni blanco fácil de viejos y caducos cazadores. Esta generación se reuza a ser borrego.
No es apatía. Claro que nos interesa la política. Por supuesto que nos es importante el futuro de nuestra tierra, después de todo, es nuestro futuro tambien. Además, los humanos somos políticos por el solo hecho de vivir en comunidad. Es solo que en estos últimos veinte años en nuestro país no ha existido política real.
Pero bueno, a nivel nacional, bien o mal, y sin entrar a ver si es obra de ángeles o demonios, se está gestando un cambio. Insisto, no se si bueno o malo, pero cambio al fin. En contraste, en nuestra localidad, el tiempo corre a diferente ritmo, todo sigue desagradablemente igual. ¡Aquí no hay política!, ni políticos tampoco. Lo que si existe es buenos – o malos - conocidos que se han permitido acceder a minilideratos, sin más bandera que la de turno, y con el único mérito de ser carita conocida.
No estamos muertos, solo dormidos. Se debe interpretar nuestro silencio no como conformismo, sino como protesta. Estamos callados, porque lo que queremos decir no es lo que se nos ha acostumbrado a escuchar. No nos faltan las palabras, ni tampoco las ideas. Nuestro silencio se dirige a aquellos que, agotadas sus ideas, se han dedicado a las solas palabras.
Estamos en el punto perfecto, en el lugar histórico adecuado para empezar de nuevo. Hacer una política de convicción, y formar gente crítica, y más que eso, gente exigente, que busque lo que necesita y se lo exija a la autoridad, que excite los mecanismos administrativos y judiciales para conseguirlo. Es tiempo de generar crítica, de crear, de hacer, de resurgir individual o colectivamente en lo que algún tiempo fué tierra de estudiosos filántropos.
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